La lectura espiritual.


 

En mi caso la lectura de algunos libros contribuyó muchísimo a mi experiencia de unión con mi Ser.

Si en tu entorno no hay relaciones que aporten una ayuda a tu apertura a lo espiritual, quizá la lectura de algunos libros, cuyos autores si experimentaron este despertar, te ayudará, siempre en la medida que lo veas como experiencias que también son posibles para ti.

 

Conversaciones con Dios de Neale Donald Walsch fue el primer libro que apareció cuando mi vida se derrumbaba con la pérdida de sentido y en mi mente surgió la pregunta: ¿Eso es todo?

Seguí con “El poder del ahora” de Eckhart Tolle.

Estos libros me ayudaron, fueron como un primer destello de luz en mi mente… sin embargo el verdadero destello del despertar se produjo mas adelante, al cabo de un par de años apareció en mi vida “Un curso de milagros”, del cual me llamó la atención el titulo y en realidad en ese momento no estaba pasándolo mal ni sentía una búsqueda espiritual. El libro simplemente apareció y a través un taller que daba una persona acerca de el, empecé a leerlo. Conforme lo leía, sentí que tenia un significado mucho mas profundo que lo que realmente se me enseñó en el taller, y empecé a leerlo en serio, a hacer los ejercicios y a experimentarlo en mi sentir interno.

 

Apareció la llamada a lo espiritual que estaba dormida desde mi infancia, donde fue negada y llevada al olvido por una experiencia de mi niñez, donde en mi entorno familiar se respiraba un fanatismo religioso un tanto distorsionado. Quizás por esa razón el vocabulario cristiano de “Un curso de milagros” me frenaba, y por ello leí también a la vez “Autobiografía de un Yogui” de Paramahansa Yogananda, donde se expresaba una devoción a Dios y belleza espiritual que no tenia la simbología católica, aunque si había una figura espiritual común a ambos libros: Jesús.

La experiencia de Paramahansa Yogananda estaba muy lejos de ser la mía, por cultura, pero me atraía su devoción y amorosa disciplina espiritual. En un momento de mi camino elegí seguir con “Un curso de milagros”, pero quiero compartir la experiencia de mi niñez para que pueda ayudar a quienes puedan sentir este freno o rechazo a la simbología de Jesús, María o Espíritu Santo y palabras como expiación o perdón. 

 

De mi niñez temprana no tengo muchos recuerdos, pero si algunos sobre juegos o experiencias con mi hermano y mi tía María Teresa. Pocos de los que me conocen, incluso amistades íntimas, me habrán oído hablar de ella, si de mi hermano José, pero muy pocos de mi tía y de mi abuela paterna.

 

La razón por la que explico algunas experiencias personales en este blog simplemente es para observar como las experiencias negadas o desagradables esconden reveladores instantes sagrados, que, por el juicio de la mente a la experiencia, son deliberadamente olvidados.

 

Hay una pregunta que en tu deseo de despertar espiritual puedes hacerte:

 

¿Qué hay en la memoria de mi infancia que puede esconder la revelación del amor de Dios en mi?

 

Esa pregunta en mi obtuvo esta respuesta:

 

En mi niñez temprana conviví con mi hermano José, no tengo mas hermanos, José tiene síndrome de Down profundo, padece también autismo severo, aunque el autismo se agudizó después, llevándole al aislamiento y a no permitir que te toquen o le abracen. Esto no sucedía conmigo cuando éramos pequeños, José es dos años mas pequeño que yo, de niña jugaba con el y con mi tía, leyendo cuentos e interpretándolos como en un escenario; yo los interpretaba, y cantaba, el se reía y mi tía idolatraba mi actuación. Este recuerdo es extraño porque lo olvidé, como también olvidé las conversaciones con ella al respecto de su estado de salud, ya que no comía y no salía a la calle nunca excepto para ir a la iglesia. Le diagnosticaron un problema de esófago y estómago, diciéndole que si no comía su cuerpo no aguantaría mucho tiempo. 

Ella explicaba que yo le dije: “Me ha dicho Jesús que si no comes te vas a morir y no puedes morir ahora porque tienes que cuidar de nosotros.”

Ella decía que yo era un ángel en realidad, y que esas palabras dichas ante su diagnostico medico le hicieron tener ilusión por vivir.

¿Pero que le pasaba a mi tía? ¿Porque no tenia ganas de vivir? 

En la familia de mi padre, su madre (mi abuela) tenia varios hermanos, entre ellos una hermana monja, toda la familia era muy creyente, en la religión católica. Tuvieron primero dos hijos, una niña (mi tía) y un niño que murió a los 8 años de difteria, mas adelante y tras esa muerte en la familia tuvieron otro niño (mi padre). Mi tía deseaba de todo corazón desde pequeña ser monja de clausura. 

Mi abuela se había casado con un hombre al que no nunca conocí pues murió antes de que yo naciera. Por lo que me contaron, no era practicante religioso y no deseaba en absoluto que su hija se hiciera monja. El que mi tía María Teresa quisiera ser monja de clausura fue como una maldición para el. Pero María Teresa siguió el anhelo de su corazón y entró en el convento, sin embargo, la culpabilidad por ser rechazada por su padre (me dijeron algo así como que la repudió como hija) fue insoportable para ella y entró en depresión y enfermó en el convento, parece que no pudo seguir allí y la enviaron a su casa.

Nunca fue feliz, siempre estuvo encerrada, y poco a poco fue perdiendo la cabeza. Rezaba mucho, encerrada en su cuarto, pero se dañaba y golpeaba por que sentía una enorme culpabilidad.

 

Cuando mis padres se casaron fueron a vivir a la casa de mi padre, con mi abuela (mi abuelo ya había fallecido) y su hija, mi tía María Teresa.

Mi infancia pasó junto a ella, tengo algunos recuerdos, pero muy pocos, hasta que en meditación me he permitido recordar a raíz de esta pregunta que mencioné:

¿Qué hay en la memoria de mi infancia que puede esconder la revelación del amor de Dios en mi?

La pregunta apareció porque estaba preparada para responderla.

Y no solo para eso, sino para compartirla aquí ahora, pues puede que con mi relato te atrevas a mirar a través de las capas de pensamiento de miedo que es lo que el amor quiere que recuerdes.

 

María Teresa en nuestras largas horas juntas en mi infancia, me hablaba de su amor por Jesús, y del amor de Jesús y su madre María, por todos nosotros. Hablaba con una devoción pura y cristalina de ese amor que ella sentía que existía mas allá del amor humano que se mostraba en el mundo, ella me decía de Jesús estaba conmigo. Que su madre la virgen María, estaba junto a nosotros y que nos cuidaban. Que mi hermano José era un ángel que había tomado su forma para protegerme en mi niñez y estaba en este mundo para que a mi no me pasara nada malo. Me decía que yo era especial y tenia mucho bien que hacer aquí para el mundo. Hablaba también de un arcángel del cielo (tengo un nombre para él: Uriel, ese nombre resonaba en mi mente y mi corazón como mi guardián) que me guardaba, (era mi ángel de la guarda).

Yo en mi niñez, nunca dudé de todo esto, puedo decir que sentía su presencia, que hablaba con mi arcángel y también con mi hermano y le decía que, aunque el mundo no le viera yo sabia que era un ángel escondido.

Esas frases y palabras dichas en una niña pequeña quedan en su sentir como una verdad que va mucho mas allá de lo que puede comprenderse, pero sin embargo las olvidé, las borré, la negué… ¿por qué?

 

Por lo que vi en el mundo, en la familia, en los demás y en mi tía:

Mi padre, mi madre, mi abuela y el entorno cercano la escondía y la negaba. 

Ella se maltrataba, fue diagnosticada con esquizofrenia y finalmente fue llevada a una institución mental. 

¿Que era lo que pasaba en su mente enferma y confundida que hizo que terminara así?: El dolor, la culpa y el miedo.

Ella a veces se dañaba, eso ya lo dije, pero otras veces nos dañaba a mi y a mi hermano, creo que su mente enferma creía que así nos mantenía puros. Pequeñas heridas en el cuerpo que no se veían mucho pero que yo callaba y escondía. A veces hacia eso y otras veces pedía perdón, cambiando completamente de personalidad y arrastrándose por el suelo detrás de mi, para que la perdonara y no se lo contara a nadie. Su madre (mi abuela) sabia lo que sucedía, pero se mantenía distante y escondía el dolor bajo una máscara de rigidez y disciplina insana. Mi abuela estaba totalmente torturada también por las creencias distorsionadas de una religión que solo aportaba sufrimiento, creyendo que mi hermano era un castigo para la familia.

Entonces era cuando María Teresa se dañaba, todas estas vivencias fueron una experiencia totalmente negada por mi y muchos detalles todavía no los recuerdo, pero tampoco son necesarios.

 

Lo que negué y olvidé que, si era necesario recordar, junto con las experiencias dolorosas, fue la revelación de la certeza de que Dios estaba conmigo siempre, en la forma o figura de Jesús y María, o de ángeles, o de un sentir de certeza, una ausencia de miedo y una confianza total porque Dios estaba conmigo y yo podía hablar con Él y sentirle.

Al negar la parte dolorosa, negué también su parte de luz, negué la experiencia entera, a María Teresa por completo, pero ahora podía recordarla al perdonar y permitir en mi memoria la parte negada de dolor, permitía también la revelación de la certeza del Amor de Dios en mi. Pues esa memoria era una experiencia real. 

La devoción y el amor que había visto por Dios en María Teresa estaban también en mi, y yo aprendí a perdonar y sanar tanto mi alma como la suya y la de mi abuela. Cuando el perdón verdadero de Jesús apareció en mi en la forma de “Un curso de milagros” el camino de mi despertar ya había sido trazado.

 

El perdón que se me mostró en ese libro, era un perdón en Unidad. No había nadie separado que hiciera nada a nadie, sino una elección unida de las almas implicadas en la experiencia para sanar las memorias de dolor. Sanar el olvido de nuestra verdadera naturaleza como una única Alma es lo que permite la expiación en uno mismo y al hacerlo, el perdón conjunto de todas las almas. 

 

La belleza de la experiencia es la sanación en unidad, pues solo con que un alma elija perdonar conscientemente, al estar verdaderamente unidas en realidad, sanan todas.

Sin este perdón, sin esta experiencia de sanación nunca hubiera sido capaz de recordar la belleza del amor de Dios. Así pues, en mi camino elegido estaba tanto la experiencia dolorosa como su sanación, y gracias a ella hoy he podido recordar.

 

Recuerda ahora esto expresado al inicio del blog:

El camino del olvido simplemente es simulado, no es real, no puede ser de otra manera que como se da, no hay azar, ni merito personal, ni culpa; es un solo guion, un guion de todas las almas juntas dormidas.

 

El despertar y la elección libre consciente da comienzo cuando has perdonado y aceptado completamente tu guion elegido como alma.

 

Voy a dejar aquí este relato, para seguir compartiendo las herramientas que nos ayudan, más adelante si es necesario para comprender volveremos a el, cuando de nuevo aparezcan las figuras espirituales de Jesús y María en mi experiencia y podamos ver la belleza de guion del amor de Dios.

Lo que si apunto son los libros que, después de “Un curso de milagros” aparecieron de una forma sincrónica en cada momento como parte un guion perfecto de despertar.

 

Después de “Un curso de milagros”, mientras compartía con compañeros el aprendizaje del perdón en la Asociación conciencia (escuela del perdón de Jorge Lomar y Reyes Ollero), conocí “Un curso de Amor”. Sencillamente ese libro me fascinó, no creía que después de “Un curso de milagros” pudiera haber algo más, pero “Un curso de amor” abrió mi corazón al Amor de Dios.

Luego también disfruté la trilogía de la “Vía de la maestría” de Jayem.

Los libros se habían convertido en mi modo de hablar con Dios en la forma de Jesús y así se fue completando mi guía hacia la realización.

 

 Yo sabia que me faltaba algo y seguía una y otra vez leyendo “Un curso de Amor”, y haciendo varias veces la parte final del libro tres, “Cuarenta días y cuarenta noches”.

 

Y un día sin mas, conocí los libros de Sebastián, y en ellos me reconocí como Quien era y cual era el viaje de mi alma. Ese viaje está descrito y se experimenta personalmente con el recorrido de los libros del uno al siete de la colección Elige solo el amor.

Con ellos empezó mi viaje consciente como alma despierta.

Quiero contar mi experiencia para que tu puedas vivirla como tuya, pues la que verdaderamente importa es la tuya, por eso las preguntas y mi recorrido serán también el tuyo.

 

Esos libros de “Elige solo el amor” describían como alguien hablaba con seres espirituales como Jesús, María o arcángeles y yo sentí que todo lo que decían era real y cierto. 

 

En la lectura de la descripción de las manifestaciones y la belleza y naturalidad con las que Sebastián hablaba de ello, tanto en los libros como en las entrevistas de video que llegaron a mi, algo en mi corazón sabia que esa belleza y naturalidad eran nuestra realidad. Volví a mi niñez y por eso ahora puedo recordar lo que María Teresa me decía y que yo en mi corazón inocente reconocía como cierto.

 

Negué todo eso porque, el mundo que vi fuera de mi y el miedo y el desequilibrio de la mente que María Teresa mostraba, hicieron que borrara la belleza de las experiencias espirituales que sentía como ciertas. Ella decía que los veía y ahora se que era cierto, pero como su mente enloqueció por el juicio del mundo exterior, no lo acepté y negué las experiencias de amor espiritual que había sentido. Creando además un miedo inconsciente fuertemente arraigado a la locura mental.

 

Era necesario que sanara la experiencia de juicio a lo espiritual que había vivido tan duramente en mi infancia, para poder abrirme a la experiencia de las manifestaciones de las cuales hablaba Sebastián en sus libros, es por ello que necesité todo un proceso previo de sanación de los símbolos cristianos para recibir el mensaje de los libros de “Elige solo el amor”.

 

Quizás para ti no sea necesario todo el proceso y puedas recibir sin juicio y sin miedo la belleza del amor de Dios expresada en ellos. Pero mi testimonio, te servirá como ejemplo, de que no importa los obstáculos que hayas puesto al amor, que el cielo te ayudará a deshacerlos todos.

 

Más, si necesitas las mismas herramientas que me sirvieron a mi, la siguiente fue la meditación de la cual voy a hablarte muy pronto.

 

Rosa Riubo

Peregrina de la Paz

www.riubo.com

 

 

 

 

 

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